
En un clima discreto, dos miradas de opiniĂłn profundamente radical comenzaron a cruzarse. Una, de casero universitario; la otra, con experiencia de vieja juventud. La escena condensĂł una certeza compartida: si no hacen nada, el ex vocero gana caminando. Y si Pato decide entrar a la cancha, la victoria serĂa arrasadora.
Ese escenario es el que el dueño de la caja universitaria no estå dispuesto a permitir. Entiende que la vida del partido depende de cuidar la docta, aun cuando eso implique decisiones incómodas.
En la discusiĂłn apareciĂł sin rodeos el dilema mayor: hay quienes estĂĄn dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de que no ganen los violetas, incluso firmar con el rival histĂłrico. No genera tanto rechazo âdicenâ si la cabeza es el Toro, radical desviado y amigo del alberto. Pero despuĂ©s de dos derrotas consecutivas, pocos lo soportan y ya se estĂĄ buscando un plan B.
En ese movimiento, el auditor, Ache y el expresidente de San Lorenzo exploran una nueva geometrĂa de vĂnculos, mĂĄs pragmĂĄtica que ideolĂłgica, mĂĄs defensiva que Ă©pica. No es un acuerdo cerrado, pero saben que si pierde por poco desempata en penales.
El universitario amigo de todos, jugara sus fichas y solo brega por dos cosas, no entregar la ciudad y levantar al ruludo como estandarte.
Asi este mensaje llegara a pilar y el monje juntara sus cartas, hara sus apuestas, y ganarĂĄ como siempre.