PBA 2027: ¿quién se queda con la Provincia y con qué armado?

La Provincia de Buenos Aires ya juega 2027. LLA necesita territorio, el PRO teme ser absorbido y el peronismo discute herencia. Intendentes, secciones y encuestas empiezan a ordenar la rosca.

La elección no es un casting de candidatos: es una guerra silenciosa de intendentes, boletas y control territorial.


La escena inicial (donde empieza de verdad la rosca)

Hace semanas que, en despachos municipales del interior bonaerense, se repite la misma pregunta.

No se hace en actos ni en conferencias. Se hace por WhatsApp, después de las ocho de la noche, en voz baja:

“¿Vos con quién vas en 2027?”

No es ansiedad electoral. Es instinto de supervivencia.

Porque en la Provincia de Buenos Aires no gana el que mejor mide: gana el que llega ordenado.


Buenos Aires no elige gobernador: elige sistema

La PBA no es una elección más. Es el corazón del poder argentino.

No se gobierna con épica ni con slogans: se administra con intendentes alineados, fiscales aceitados y control del territorio.

Por eso, mientras el calendario todavía marca 2025, la política bonaerense ya está jugando el partido grande. Sin globos. Sin motosierra. Con llamadas, silencios y acuerdos provisorios.


El eje violeta: Milei arriba, pero la Provincia abajo

La Libertad Avanza entendió tarde —pero entendió— una verdad básica:

sin territorio no hay Provincia.

Puede tener marca nacional, liderazgo presidencial y centralidad mediática, pero Buenos Aires es otra cosa. El conurbano no se gobierna desde redes sociales y el interior no se enamora por TikTok.

Ahí aparece el PRO. No como socio ideológico, sino como proveedor de estructura.

Diego Santilli ya lo dijo sin rodeos: quiere ser gobernador.

Cristian Ritondo arma en silencio, más preocupado por el control que por el cartel.

Guillermo Montenegro construye desde Mar del Plata una narrativa que cotiza: orden, seguridad y gestión.

Diego Valenzuela dejó el municipio para jugar directamente en clave provincial: señal clara de época.

El conflicto es explícito, aunque nadie lo diga en público:

  • Para el PRO, el miedo no es perder la Provincia. Es desaparecer dentro de una boleta violeta.
  • Para LLA, el problema inverso: ganar sin quedar rehén de una estructura que no controla.

La pregunta no es si van juntos.

La pregunta es quién conduce y quién obedece.


El peronismo: el problema no es perder, es ordenarse

Del otro lado, el peronismo bonaerense no está muerto. Está en plena discusión de herencia.

Axel Kicillof gobierna, pero proyecta. Y cuando un gobernador mira más allá, el territorio empieza a moverse.

Gabriel Katopodis aparece como gestor puro, con buena relación con intendentes.

Sergio Massa nunca se va del todo.

Máximo Kirchner sigue teniendo lapicera, aunque el apellido ya no ordena solo.

Mayra Mendoza encarna la disputa generacional.

La ecuación es simple y brutal:

si el peronismo llega unido, compite.

si llega fragmentado, pierde la Provincia aunque tenga aparato.

Buenos Aires no perdona las internas mal resueltas.


El dato incómodo: las encuestas ya juegan

Aunque no definen elecciones, las encuestas ordenan la conversación.

Una medición bonaerense de noviembre de 2025, con foco explícito en la elección ejecutiva 2027, muestra hoy este escenario por espacio:

  • La Libertad Avanza: 43,9%
  • Peronismo / Fuerza Patria: 32,6%
  • Centro y otros: 9,3%
  • Izquierda: 4,9%
  • Indecisos: 9,4%

Es una foto, no una sentencia. La propia consultora advierte alta volatilidad.

La lectura política es clara: ese 43,9% no es un cheque en blanco. Se sostiene solo si hay estructura. Sin intendentes, sin fiscales y sin boleta cuidada, ese número se evapora.

Otra medición previa ya mostraba algo clave: empate técnico entre peronismo y un frente LLA–PRO, con más del 11% de indecisos y una agenda dominada por inseguridad, pobreza e ingresos.

Buenos Aires no está ideologizada. Está agotada.


Los intendentes: donde se decide la verdad

La elección bonaerense no se gana en los sets de televisión. Se define en municipios.

Zona Norte

  • San Isidro y Vicente López funcionan como vidrieras de gestión y orden.
  • Tres de Febrero es el laboratorio del salto directo al armado libertario.

Costa Atlántica

  • Mar del Plata es la llave de la quinta sección: volumen, clima social y seguridad.
  • El Partido de La Costa suma territorio, temporada y voto volátil.

Interior

  • Bahía Blanca marca el pulso del sudoeste: puerto, energía y conflictos reales.
  • Tandil es termómetro de clase media: cuando se mueve, algo cambió.
  • Azul y Saladillo representan el interior silencioso donde la gestión pesa más que el show.

Frase que se repite entre intendentes:

“Las encuestas miran arriba, pero la elección se define abajo.”


Alertas rosceras (para leer entre líneas)

  • Si el PRO no ordena su interna bonaerense en 2026, otros lo van a ordenar por él.
  • Si el peronismo no define conducción antes de entrar en campaña, la interna se come la elección.
  • Si LLA no consolida estructura territorial real, puede ganar la Nación… y perder la Provincia.

Lo que nadie quiere escuchar:

Las encuestas no ganan elecciones.

Y en Buenos Aires, la ideología no fiscaliza mesas.

La Provincia no va a castigar al que pierda.

Va a castigar al que llegue desordenado.

La pregunta no es quién quiere ser gobernador en 2027.

La pregunta es quién puede sostener la Provincia cuando se apagan las cámaras y empiezan los problemas.

La rosca ya empezó.

Y Buenos Aires, como siempre, no espera a nadie.

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