
La primera señal podría ser simple: en el GCBA se estaría mirando el organigrama como se mira un tablero antes de una jugada grande. No habría confirmaciones, pero asomaría una lógica conocida: cuando el calendario aprieta, el poder tiende a ordenarse antes de tiempo. Lo “temporal” podría ser el rótulo formal; la rosca, el mecanismo real.
En ese marco, la primera ficha que podria moverse sería Ezequiel Sabor, hoy al frente del esquema de Gobierno y Comunas. Las versiones indicarian que podría volver al Banco Ciudad (donde se encuentra de licencia). Pero el punto fino no sería solo el regreso: Sabor podria reubicarse en otro rol dentro del Banco y, en ese recorrido, liberando su banca en el directorio.
Ahí entraría el gesto que la rosca lee como “señal”: esa silla podría quedar para el ecosistema del marido de Pilar Ramírez, interpretado como un movimiento de distensión y “buena fe”. Si ocurriera, no sería un trámite: sería una forma de ordenar tensiones sin foto, sin conferencia y sin costo público inmediato.
En paralelo, Maximiliano Corach —subsecretario del área— ganaria volumen y hasta podria escalar a un rol más “de gobierno”. Y si eso pasara, el efecto se sentiria en cascada: cambios hacia abajo, retoques en equipos y líneas internas. En la Ciudad, cuando la lapicera cambia de mano, suele cambiar el mapa.
Con esa música de fondo, dos casilleros podrían quedar bajo revisión:
- Ignacio Baistrocchi, en Espacio Público, podría quedar envuelto en ruido de salida. (esto se comenta desde que arranco, pero varios actores subrayan que el ruido es mucho mayor esta vez)
- María Guadalupe Rossi, en Gestión Comunal, también podría aparecer dentro del paquete de movimientos.
En ese contexto, podrían empezar a circular alternativas. Pedro Comín podría ser una de las piezas mencionadas para un rediseño. Y también habría circulado el nombre de un presidente comunal, de los más valorados del mapa porteño, como opción para Gestión Comunal. Sin embargo, ese mismo dirigente lo habría desmentido categóricamente y, consciente de los trascendidos, habría señalado que desconoce en base a qué se generaron esas versiones.
Bonus político (San Lorenzo)
A este clima podría sumarse una variable bien porteña: con la asunción interina de Sergio Costantino en San Lorenzo, algunos observadores interpretarían que, si ganara en mayo la presidencia por voto popular de los socios, debería dejar su cargo actual. No por moralina: por agenda, por exposición y porque un club grande, cuando se conduce “de verdad”, podría volverse incompatible con sostener un rol formal en el Estado.
Por ahora, todo esto podría quedar en ruido. Pero si el patrón se confirmara, la secuencia sería clara: Banco–Gobierno–Comunas–Espacio Público, acomodando poder antes que titulares.
En CABA, cuando la lapicera se mueve, a veces no cambia el cartel: cambia el mando real.
¿Reordenamiento de fondo o rosca para negociar sin tocar nada?