
La escena: un “no” que suena a negociación
El mensaje del Frente Renovador es prolijo y calculado: rechazo a las reelecciones indefinidas, sin épica y sin gritos. Un “no” institucional, con cita de antecedentes y con tono de ley. En la superficie, parece una discusión sobre reglas. En el subsuelo, es una advertencia: si el gobernador quiere abrir la canilla de los mandatos, va a tener que pasar por la mesa de Massa.

El problema real de Kicillof: votos, territorio y supervivencia
La discusión es sensible porque toca la fibra más básica del poder bonaerense: los intendentes. Limitar mandatos ordena recambios, pero también rompe estructuras armadas hace años. Para Kicillof, sostener a los jefes comunales propios no es un capricho: es blindar el dispositivo territorial que garantiza gobernabilidad hoy y competitividad mañana. Sin esos votos legislativos, la iniciativa queda a mitad de camino. Y en política, lo que queda a mitad de camino suele costar el doble: porque expone debilidad.
La jugada del massismo: “no impulso, no bloqueo”
La frase que circula (y que vale oro) es esa: no vamos a apoyar, pero tampoco vamos a impedir que se vote si otros juntan las voluntades necesarias. Traducción simultánea: no ponemos la firma, pero tampoco tiramos la llave al río. El Frente Renovador intenta algo difícil: no quedar pegado a una ley que huele a privilegio, sin perder su rol de actor bisagra dentro de Unión por la Patria. Es el “centro de gravedad” que se activa cuando el resto se traba. Y eso, en año pre-2027, cotiza.
La reelección indefinida no es un debate jurídico: es un test de mando. Si Kicillof no consigue esos votos, no pierde una ley: deja una señal.
¿Esto es defensa institucional… o el primer capítulo de la negociación grande de 2027?