
No es una afinidad inesperada ni una reconciliación encubierta. Es cálculo político.
Si el peronismo pretende volver al poder, hoy se topa con un obstáculo central: Javier Milei concentra el voto anti-peronista como ningún otro dirigente reciente. Lo ordena, lo simplifica y lo transforma en identidad. Con ese fenómeno intacto, el peronismo puede mejorar números y aun así perder, porque enfrente hay una sola boleta que canaliza todo.
Por eso, en voz baja —en despachos, consultoras y mesas políticas— se repite una idea incómoda pero extendida: al peronismo le conviene que el PRO tenga candidato presidencial. Y mejor aún si ese movimiento lo ordena Mauricio Macri.
La lógica es simple y nadie la firma en público. El peor escenario para el peronismo es un Milei sin competencia por derecha. El mejor, uno donde ese voto se parta. No porque el PRO pueda ganar —eso hoy no lo proyecta nadie serio— sino porque le quita a Milei el monopolio del anti-peronismo. Con que una porción relevante de ese electorado vuelva a una opción PRO, la elección deja de ser binaria y se vuelve abierta.
En off, un consultor que trabaja con gobernadores lo resume sin vueltas: “Con Milei solo, llega cómodo. Con PRO en cancha, hay balotaje.” Y en la Argentina, llegar al balotaje cambia todo.
Para un peronismo que imagina a Axel Kicillof como figura nacional, la cuenta es directa. No se trata de crecer de golpe, sino de dejar de correr contra un rival único. Con tres modelos en discusión, Milei pierde centralidad y el peronismo recupera agenda: gestión, economía real, producción, federalismo. Menos épica, más contraste.
El sistema político, además, no se queda quieto. En paralelo, se exploran salidas laterales con el mismo objetivo: romper la polarización. En conversaciones reservadas aparecen figuras por fuera de la política tradicional, con llegada emocional o simbólica, como Dante Gebel, u otros perfiles outsiders. No son planes para ganar, sino herramientas de fragmentación: alcanzar con existir para partir votos y desordenar el mapa.
La paradoja que define 2027 es clara: Milei necesita un mano a mano; el peronismo necesita un tablero partido. Y Macri decide si vuelve a jugar o si deja el escenario servido.
El peronismo no necesita que Macri gane. Necesita que compita.
Porque cuando Macri no está —y nadie ocupa ese lugar— Milei se queda con todo el voto anti-peronista.
Y cuando eso pasa, la elección se define antes de empezar.
Las cuentas ya están hechas.
Ahora falta ver quién se anima a mover la ficha.