
La “reforma de la sociedad” se traduce en cientos de individuos que llevan su vaso térmico de café caminando por la ciudad. Eso cristaliza el individualismo, no hay diálogo, todos en su mundo de expectativas aspiracionales y la carrera por el dinero.
Lo mismo pasa en la Política, ¿a quien le interesa la gestión? ¿Hay más interés por los presupuestos “cajas del estado”? Son preguntas. Detrás de todo ello, los dirigentes, rumiando ideas y operaciones. Todos pergeniando escenarios futuros, que quizás nunca se concreten por la incertidumbre que genera un electorado que nunca se sabe para dónde inclinará la balanza en el juego democratico.
Hay una sola certeza: la ciudad es de la derecha. Por historia, por perfiles ciudadanos, por pertenencia de clase.
En esta premisa, ¿porque el pro no podría seguir gobernando? ¿O porque si?
Como ese café caliente humeante que vemos todos los días ser acarreado por ciudadanos en buenos aires, es la expectativa de este espacio político y de su conductor Mauricio Macri. Hay individualismo, hay internas en todos lados, todos se miran con desconfianza. En ese contexto, ¿que posibilidades de seguir gobernando?
Muchas y pocas al mismo tiempo.
Muchas: Si se ordena internamente, tienen dos años por delante para construir la gestión que resuelva los problemas cotidianos que se reclaman, los recursos presupuestarios objetivos y el espacio territorial reducido, son ventajas cualitativas.
Pocas: si la política interna sigue devorándose a sí mismo.
El timming poltiico del oficialismo puede ser caliente o frío, depende de cómo la ciudadanía quiera consumir la oferta electoral.