
El ring fue el escenario, pero el mensaje viajó por fuera de las sogas. En Párense de Manos III, el evento de boxeo amateur y show digital organizado por Luquitas Rodríguez, el periodista Manu Jove venció por nocaut técnico en el tercer round al influencer libertario Mariano Pérez, en un cruce que la propia transmisión vendió como “la pelea política” de la noche. 
Según el resumen del evento, Jove dominó la distancia y el ritmo, con más de 150 golpes conectados informados por la organización. Hubo tres cuentas técnicas, y aunque Pérez insistía en seguir, el árbitro detuvo la pelea al advertir que no respondía con claridad en una de las protecciones. 
La escena no es menor: un libertario “de redes” —presentado como cercano al clima Milei— termina derrotado en un formato que mezcla política, streaming y espectáculo. No es un resultado electoral, pero sí un termómetro cultural: la discusión pública se está mudando a formatos cada vez más emocionales, donde el golpe (literal) reemplaza al argumento. 
Y hay un dato de época: el festejo de Jove fue leído como “postura” más que como celebración deportiva (hasta con el gesto performático del cigarrillo en el ring). En 2025, todo se interpreta. 
La “batalla cultural” no se define en tres rounds, pero el simbolismo queda: cuando la política se vuelve show, el costo de perder ya no es sólo deportivo. Es narrativa.
En la Argentina del stream, perder una pelea también es perder un frame.