
En la política argentina hay dos tipos de candidatos: los que piden lugar… y los que ponen cláusulas. Galperin, si alguna vez asoma en serio, entra en la segunda categoría. Y el dato clave es este: si el vehículo es el PRO, no sería una “candidatura PRO” clásica. Sería un acuerdo con Términos y Condiciones.
Porque el PRO hoy no está en modo “liderar el cambio”; está en modo evitar la absorción, ordenar el tablero y sobrevivir con identidad. Y cuando un partido está así, mira a los outsiders como se mira un salvavidas: con deseo, con miedo y con letra chica.
El punto central
No es “Galperin candidato”.
Es: “Galperin candidato con el PRO… si el PRO acepta condiciones.”
Ahí está la rosca: la candidatura no se arma con un acto. Se arma con un Excel, un contrato y una mesa donde el partido, por primera vez, tiene que contestar “sí” o “no” a requisitos ajenos.
Los Términos y Condiciones que te marcan la nota
Si el PRO quisiera subirse a esa ola, los T&C (políticos, no legales) serían más o menos así:
- Cláusula anti-interna (anti-barro)No hay PASO sangrienta ni guerra de punteros. Si entra, entra con candidato “ya decidido” o con un mecanismo blindado.
- Cláusula “vehículo grande”El PRO solo no alcanza como plataforma total: tiene que garantizar coalición y gobernabilidad. Si el partido no puede prometer músculo, no hay operación.
- Cláusula de mando realNo va a aceptar ser “figura” mientras otros manejan la lapicera. Si el PRO pretende “ponerlo” pero conservar todo, se cae. Acá la palabra es: control.
- Cláusula de distancia justa con el poder de turnoSi queda pegado al oficialismo libertario, pierde outsider. Si se despega del todo, pierde parte del electorado pro-mercado. La ingeniería es quirúrgica.
- Cláusula reputacional (los flancos inevitables)Residencia, impuestos, relación Estado-empresa, privilegios, beneficios, “me fui/no me fui”. En campaña te lo convierten en juicio moral. Si el PRO no lo blinda, el PRO paga.
- Cláusula “PRO sin dueño”Si el PRO está en crisis de liderazgo, el outsider te ordena… o te rompe. Para que funcione, el PRO tiene que aceptar algo duro: no ser el protagonista, sino el instrumento.
Qué gana el PRO con ese juego
- Un nombre con instalación sin gastar años de construcción.
- Un “Plan B” para negociar poder sin quedar reducido a furgón de cola.
- Una forma de competir en “la era outsider” sin inventar un candidato de laboratorio.
Qué arriesga el PRO
- Perder identidad: pasar de partido a “empresa de alquiler electoral”.
- Que la letra chica sea demasiado cara: cuando el candidato pone condiciones, el partido queda expuesto.
- Que el operativo exista solo como globo de ensayo, y el PRO quede como desesperado.
Si esta historia avanza, no va a ser “Galperin se suma al PRO”. Va a ser al revés: el PRO se suma a Galperin… siempre que firme. Y ahí está el punto: en Argentina, el poder no es candidatearse. El poder es poner los Términos y Condicionesy lograr que te los acepten.
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