
En el ecosistema político porteño, hay perfiles que se vuelven visibles por el micrófono y otros que se vuelven decisivos por el mapa en las sombras. Eugenio Casielles decidio dar el salto, de comodo sombra a acompañar los flahes: su importancia no está en una épica personal sino en la lógica de sus movimientos, en los puentes que tendió, en las internas que eligió habitar y en el momento exacto en que decidió romper.
Su ficha formal es conocida: legislador de CABA por Marco Lavagna, el Consenso federal, luego La Libertad Avanza, hoy monobloque propio bajo el sello Transformación. Lo relevante, sin embargo, está en lo que esa secuencia sugiere: Casielles no es un converso ideológico; es un lector de época con venta de aparato politico. Y eso, en Argentina, vale más que cualquier rótulo.
Del “centro razonable” al “outsider rentable”
El dato de origen no es menor. Renovacion Federal fue un espacio de tercera vía, de rosca institucional y conversación con el sistema. Para un dirigente con ambición de proyección, ese mundo enseña dos cosas: cómo se negocia, y por qué la política tradicional dejó de enamorar.
Cuando se acerca al universo libertario, Casielles no llega desde la periferia militante: llega con caja de herramientas. La primera etapa de La Libertad Avanza en CABA fue un experimento de alianza mínima con objetivo máximo: convertir indignación social en representación electoral. Ahí, más que un “partido”, había un fenómeno. Y en los fenómenos, los que importan son los que arman perímetro.
La interna libertaria como prueba de método
La ruptura posterior ayuda a leerlo. No fue un divorcio por doctrina económica. ~Fue por método de conducción~. Fue por espacios de poder, nadie quizo pagar lo que ellos pensaban que valian
La discusión Marra–Pilar Ramírez (la mimada de el jefe) mostró que el problema
No era de ideas, era la forma de conducción, era cuanto pagarle al porteño marra para convertiste en sU proximo opositor.
Casielles eligió romper a tiempo a quedar arrodillado a la pastelera y lanzó Transformación. La forma también fue mensaje: no armó un “grupo de los enojados”, armó un bloque con nombre propio, acto de presentación y discurso con una obsesión clara: diferenciarse del mileísmo como aparato, sin volver a los viejos reflejos de la política tradicional.
“Transformación”: monobloque, sí; señal, también
En la Legislatura porteña, el monobloque puede parecer marginal. En la vida real, muchas veces es otra cosa: una plataforma para negociar sin jefes, acumular marca, reclutar disidentes y, sobre todo, construir identidad fuera del disciplinamiento.
En ese marco se entiende su insistencia en un punto: denunciar “obsecuencia”, “verticalismo”, y la incorporación de figuras que él asocia a la “casta” dentro del gobierno nacional. Excelente estrategia, lastimar con las armas del
Enemigo.
No es solo una crítica moral: es una crítica a la coherencia que toca el relato libertario convertido en ejecutivo .
El paso siguiente: salir de CABA
La política no se mide solo por lo que se dice: se mide por dónde se pisa. En 2025, Transformación intentó territorializarse en Provincia de Buenos Aires. La Matanza no es un lugar “cómodo” para una fuerza chica; es un lugar elegido para probar algo: visibilidad, confrontación de base, y proyección.
Ese movimiento también tuvo otra lectura: Transformación empezó a mostrarse como refugio para libertarios desencantados o expulsados por la interna. El caso de Lourdes Arrieta, mencionada en coberturas políticas como incorporación al espacio, funciona como síntoma del tipo de reclutamiento que busca: gente con marca libertaria, pero afuera del sistema Karina.
El patrón: cazador de outsiders
Hasta acá, el perfil podría leerse como el de un legislador que se reacomoda. Pero hay un hilo más interesante: Casielles parece trabajar con una idea fija —la política del futuro no se va a ordenar desde los partidos, sino desde figuras que vienen de otros mundos.
Milei fue el prototipo: una figura mediática convertida en liderazgo electoral. Una vez que Milei se convirtió en establishment, ese lugar de “afuera” quedó vacante. Y, en esa lógica, no sorprende que empiece a circular su interés por perfiles no tradicionales del universo cultural/espiritual, con comunidades propias, disciplina emocional y capacidad de construir sentido. Ahí entra Dante Gebel como nombre que flota: no como candidatura explícita, sino como símbolo de un tipo de liderazgo social que puede ser políticamente convertible.
En Argentina, cuando un dirigente empieza a mirar esas figuras, no está “fantaseando”: está midiendo un mercado.
¿Entonces? ¿Nueva política o último de la vieja?
La respuesta táctica es incómoda porque es doble.
Casielles no es la nueva política si entendemos “nuevo” como pureza o ingenuidad. Tiene trayectoria, método, timing, lectura de poder. Eso es política clásica.
Pero tampoco es viejo si entendemos “viejo” como aparato, lealtad partidaria automática y obediencia vertical. Justamente, su recorrido reciente es una fuga del encierro.
Lo que representa es algo más contemporáneo: el armador que piensa en clave cultural. No discute solo leyes; discute sentido. No mira solo encuestas; mira tribus. No persigue cargos inmediatos; persigue vectores.
Y esa es la pregunta de fondo que el sistema todavía no termina de procesar: ¿la próxima política va a ser una discusión de programas… o una disputa de comunidades?
Casielles, por ahora, parece haber elegido el segundo camino.
Muy interesante! No conocía al legislador, lo voy a seguir.
Pienso que si la nueva política es buscar outsiders que al llegar al poder se convierten en establishment y generan la búsqueda de outsiders de recambio, es como el perro que se muerde la cola.
No creo en conclusiones definitivas en política, todo es fluctuante. La crisis de los partidos no los vuelve inexistentes o irrelevantes, son los actores institucionales a los que la ley otorga un lugar exclusivo y que permiten vehiculizar los cambios explosivos para que se mantenga cierta estabilidad sistémica. Lo relevante es lo que se puede llamar el “sistema Casielles” en base a lo que plantea el artículo: pensar y actuar más allá de lo evidente, ir al fondo de la dinámica política, ver la profundidad y no quedarse en la superficie.
Saludos y feliz año para todos!
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