
Lo ocurrido en el Congreso con la jura de los nuevos auditores de la AGN no fue un trámite institucional: fue una demostración cruda de poder.
Mientras en los discursos se hablaba de control, transparencia y equilibrio republicano, en los pasillos se respiraba otra cosa: enojo, pases de factura y una interna que empieza a escalar.
La Auditoría General de la Nación, un organismo clave para auditar al Ejecutivo, se convirtió una vez más en moneda de cambio política.
La jura avanzó, pero dejó heridas abiertas. Especialmente en el PRO, que siente que fue corrido del tablero en una jugada que no esperaba y que no perdona.
El malestar no es menor. En el macrismo entienden que la conformación de la AGN fue una señal: el oficialismo y sus aliados están dispuestos a avanzar sin pedir permiso, aun a costa de tensar la relación con quienes hasta ayer eran socios tácticos.
Para el PRO, lo sucedido es una advertencia: ya no alcanza con acompañar, ahora hay que alinearse o quedar afuera.
En ese contexto, el Congreso volvió a mostrar su cara más realista. Lejos de la épica institucional, lo que se vio fue una pulseada por lugares, nombres y control futuro.
Porque la AGN no mira el pasado: audita lo que viene. Y eso es lo que inquieta.
El enojo del PRO también expone su propio dilema. Sin liderazgo claro, con tensiones internas y sin una estrategia común frente al Gobierno, el partido quedó atrapado entre la indignación pública y la impotencia política.
Gritar no alcanza cuando no se tienen los votos.
Lo más preocupante no es la jura en sí, sino el mensaje que deja. El Congreso empieza a funcionar bajo una lógica más áspera, menos dialoguista y con mayor vocación de imponer que de consensuar.
Y cuando el control se convierte en botín, la institucionalidad queda en zona de riesgo.
Lo que viene no será más calmo. La AGN será escenario de disputas, el PRO endurecerá su discurso y el oficialismo seguirá probando hasta dónde puede avanzar sin pagar costos.
El Congreso ya no discute solo leyes: discute poder. Y cuando eso pasa, nadie sale ileso.
Clistenes