
Del martes al jueves, la Cámara baja entra en una secuencia quirúrgica. Primero se ordena el poder. Después, se abre el conflicto.
El martes 10 es, en apariencia, un día administrativo. En la práctica, es una jornada de rosca pura. Siete comisiones clave se constituyen una detrás de otra: Justicia, Asuntos Constitucionales, Legislación del Trabajo, Familias y Niñez, Recursos Naturales, Relaciones Exteriores y Mercosur. Todas con el mismo temario formal: elección de autoridades y fijación de días y horarios. Pero nadie en el Congreso ignora lo que realmente se decide ahí. Las presidencias de comisión no son cargos decorativos: son la llave que abre o cierra proyectos, el filtro de invitados, el reloj político que acelera o congela debates.
No es casual que el armado se concentre en un solo día. El mensaje es claro: ordenar el tablero antes de mover las piezas.
A la noche, la reunión de bloque termina de cerrar el esquema. Sin temario público, pero con un objetivo evidente: alinear posiciones, anticipar tensiones y preparar el terreno para lo que viene. Porque lo que viene no es menor.
El miércoles 11 aparece el núcleo duro de la semana. A las 10:30 se reúne un plenario poco habitual por su tamaño y su peso político: Legislación Penal, Justicia, Familias, Niñez y Juventudes, y Presupuesto y Hacienda. Cinco comisiones para tratar quince proyectos vinculados al Régimen Penal Juvenil. No es una reunión informativa. Es el primer intento serio de ordenar dictámenes y acelerar definiciones sobre un tema que combina seguridad, derechos, sensibilidad social y gasto público.
El Régimen Penal Juvenil no solo divide a los bloques: divide opiniones dentro de cada espacio. Nadie quiere quedar desalineado con la demanda social de orden, pero tampoco cargar con el costo simbólico de una ley mal leída. Por eso la jugada es clara: discusión rápida en comisión y traslado del debate al recinto, donde cada voto pesa y cada silencio se nota.
Una hora después, a las 11:30, la agenda gira hacia afuera. Relaciones Exteriores y Mercosur se reúnen para reactivar el tratamiento del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. El tema vuelve al centro con expediente propio y sin disimulo. Apertura versus protección, inserción internacional versus defensa industrial. Viejas discusiones que regresan en un contexto político nuevo, con un oficialismo que quiere mostrar coherencia entre discurso y acción.
El jueves 12 ya no hay margen para la rosca silenciosa. A las 11 de la mañana está prevista una sesión especial extraordinaria con dos temas excluyentes: Régimen Penal Juvenil y acuerdo Mercosur–UE. El recinto obliga. Ahí se vota, se expone y se paga.
No hay proyectos menores, no hay homenajes, no hay agenda blanda. Todo lo que aparece en esta semana tiene impacto político real. El Congreso deja atrás la transición y entra en modo decisión.
Primero se repartieron las llaves. Ahora se abren las puertas. Y lo que se discute adentro no es solo legislación: es poder, rumbo y costo político.