Cuando la militancia rinde: Iglesias y el premio UE

En la Argentina, los cargos no siempre se ganan por concurso. A veces se cobran por constancia. Y cuando el pago llega vía Boletín Oficial, con destino europeo y sin escalas, la lectura es clara: la militancia bien hecha rinde.

No fue diplomacia, fue política

En la Argentina, los cargos no siempre se ganan por concurso. A veces se cobran por constancia. Y cuando el pago llega vía Boletín Oficial, con destino europeo y sin escalas, la lectura es clara: la militancia bien hecha rinde.

La designación de Fernando Iglesias como representante argentino ante la Unión Europea se presentó formalmente como una decisión administrativa, prolija y funcional. Pero en la rosca nadie la leyó así. No fue una movida diplomática clásica. Fue un premio político.

Iglesias no aterriza en Bruselas como diplomático de carrera, sino como dirigente con recorrido, posicionamiento ideológico claro y una relación cada vez más estrecha con La Libertad Avanza. La acumulación no fue casual ni reciente: fue sostenida, visible y útil.


La antesala del premio

Antes del decreto, hubo señales. Muchas.

Durante los últimos meses, Iglesias se movió como defensor activo del gobierno libertario en el plano discursivo, institucional y externo. Bancó públicamente al Presidente, acompañó gestos internacionales, defendió el rumbo económico y confrontó sin matices con opositores, propios y ajenos. Cuando hubo que salir a explicar, salió. Cuando hubo que endurecer, endureció.

No fue un actor marginal. Tampoco improvisado. Fue funcional.

En política exterior, eso cotiza. Y más aún cuando el Gobierno necesita tener control político —no solo técnico— sobre una plaza clave como Bruselas, donde se cruzan intereses comerciales, negociaciones estratégicas y señales geopolíticas de alto impacto.


Bruselas no es un destino más

La representación ante la Unión Europea no es decorativa. Es poder real.

Allí se discuten:

  • el futuro del acuerdo Mercosur–UE,
  • regulaciones que afectan exportaciones argentinas,
  • clima de inversiones,
  • y el posicionamiento internacional del gobierno de turno.

Colocar en ese lugar a alguien alineado ideológicamente, con discurso combativo y sin doble comando, no es una casualidad. Es una decisión consciente: la política exterior también se milita.

Y en este caso, se militó bien.


El mensaje interno (que nadie escribió)

La designación de Iglesias también envía una señal hacia adentro del sistema político:

  • A los tibios: la ambigüedad no paga.
  • A los críticos silenciosos: mirar de costado no suma.
  • A los aliados disciplinados: la lealtad tiene recompensa.

No es solo un nombramiento. Es un mensaje ordenatorio. Una forma de marcar quiénes juegan adentro, quiénes acompañan de verdad y quiénes quedan afuera del reparto de poder.


La política también factura

En público se habla de institucionalidad, continuidad y representación.

En privado se dice otra cosa: “cumplió”.

En la Argentina del poder real, los cargos no siempre se heredan ni se concursan. A veces se ganan. Y cuando eso pasa, el viaje suele ser largo… y en primera clase.

Porque al final del día, en la rosca, la militancia también se factura.

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