¿Ciudad de vanguardia o de maquillaje caro?
El caos que no tapa la pintura
¿Proyecto de país o proyecto de biografía?
Una parodia fina sobre poder, épica social y la obsesión argentina por entrar en la historia.
Una limpieza sin épica ni discursos, donde el poder corta por lo sano: menos herencias incómodas, menos ruido interno y una sola moneda en circulación —orden, control y resultados.
Identidades cerradas, fe cívica y una democracia cada vez más ruidosa
Escuchan todo, no figuran en ningún lado y saben más que muchos ministros. El poder también se guarda en el asiento delantero.
En Jesús María, donde el folklore no se improvisa y el aplauso se gana, ocurrió una escena inesperada: Javier Milei se subió al escenario con El Chaqueño Palavecino y cantó Amor Salvaje. Sin atril. Sin discurso. Con micrófono y sonrisa. La política, por un rato, miró desde abajo.
En la Argentina, los cargos no siempre se ganan por concurso. A veces se cobran por constancia. Y cuando el pago llega vía Boletín Oficial, con destino europeo y sin escalas, la lectura es clara: la militancia bien hecha rinde.
Mientras el PRO discute si tener candidato propio en 2027, el verdadero problema sigue intacto: quién se anima a sentarse en la silla, romper inercias y ejercer conducción real. Sin poder efectivo, la renovación es solo una consigna elegante.
Mientras los primos Macri salen a vender “reconciliación” rumbo a 2027, el dato jugoso no es el abrazo: es el nombre que asoma detrás. Si el proyecto no levanta, Guillermo Dietrich puede pasar de “no corre” a salvavidas del PRO porteño.
Si querés saber quién entra, quién sale y quién cobra, mirá el Boletín Oficial: ahí se confirma la política real.
Berni avanza en un peronismo sin conducción clara y expone un vacío de poder que nadie termina de ocupar.
En Santiago del Estero, la rosca no siempre se junta en un despacho. A veces se sienta en la platea,
Siempre cerca del gol y del poder, Santilli construyó una carrera de adaptación perfecta: ni rompe, ni se entrega. La pregunta para 2026 es si seguirá siendo “Pichichi”… o si por fin se anima a conducir.
Un gobernador joven, con épica de ruptura y reflejo confrontativo, que juega a emanciparse del “padre político” mientras Chubut le exige gestión real: negociar, ordenar y entregar resultados. ¿Consolida poder o se diluye como promesa?
Rossi y Traferri cerraron la lapicera en Santa Fe, pero el territorio se les va. La renovación quedó afuera y algunos intendentes ya miran a Pullaro. ¿Renace el PJ o se queda sin poder?