
El dato ya está sobre la mesa. La inflación de enero fue del 2,9% y el Gobierno respira. No es el número ideal, pero alcanza para sostener el discurso. En política económica, muchas veces, ganar tiempo es ganar poder.
El informe oficial difundido por el INDEC confirma una desaceleración respecto del mes anterior, pero también deja en evidencia un límite que en los despachos oficiales nadie ignora: la inflación bajó, pero dejó de caer sola. Y ese detalle cambia el clima.
El alivio que no habilita festejos
El 2,9% ordena el mensaje público. Permite decir que el programa económico sigue en pie, que no hubo desborde y que el ajuste no se desarmó. Pero el número no rompe ningún piso simbólico. No empieza con “1”, no sorprende al mercado y no alcanza para declarar victoria.
A partir de ahora, cada décima menos va a costar decisiones más incómodas: tarifas, precios regulados, paritarias tensas y un consumo que todavía no reacciona. La etapa fácil quedó atrás.
La interna que se activa
Puertas adentro del oficialismo, el dato no se leyó igual en todos los escritorios. Para el ala política, el 2,9% cumple el objetivo central: evitar sobresaltos, sostener expectativas y estirar el crédito social. Para el equipo económico, en cambio, el número confirma que la inflación entró en una zona dura, donde el ajuste fiscal ya no alcanza por sí solo y cada movimiento tiene costo social inmediato.
El número calmó la superficie, pero reactivó tensiones internas. No por lo que muestra, sino por lo que anticipa.
El impacto real
Mientras tanto, el bolsillo no se mueve al ritmo de los comunicados. Los precios siguen altos, los ingresos corren de atrás y el consumo permanece en pausa. En la calle no hay sensación de alivio, sino de resistencia cotidiana.
El 2,9% ordena gráficos, pero no modifica rutinas. La pregunta que empieza a circular ya no es cuánto dio la inflación, sino cuándo se nota.
La pelea que empieza
Por eso el dato no cierra la discusión: la abre. La inflación bajó respecto al mes anterior, pero el debate se trasladó al terreno político. ¿Es un éxito parcial o una señal de estancamiento? ¿Es estabilidad en construcción o una meseta peligrosa?
El Gobierno elige el relato de la paciencia.
La oposición afila el de los límites.
Y la sociedad espera algo más que décimas.
La inflación PARECE bajar.
Ahora la pelea es política. Y es por el sentido del número.