PJ bonaerense: la lapicera en disputa y el intento de evitar una interna que deje heridos

El peronismo volviĂł a su estado natural: unidad declarada, poder en discusiĂłn. En la provincia de Buenos Aires —el principal bastiĂłn electoral del PJ— la pelea ya no gira en torno a un programa ni a una candidatura inmediata, sino a algo mĂĄs bĂĄsico y decisivo: quiĂ©n conduce el partido y ordena el territorio.

En ese marco apareciĂł, en las Ășltimas horas, una señal polĂ­tica relevante. SegĂșn reconstrucciones periodĂ­sticas coincidentes, MĂĄximo Kirchner habrĂ­a transmitido a su entorno que Axel Kicillof deberĂ­a asumir la conducciĂłn del PJ bonaerense como forma de bajar la tensiĂłn interna y encauzar el proceso de renovaciĂłn partidaria. El gesto no fue pĂșblico ni formal, pero el mensaje fue claro: la interna venĂ­a escalando y el riesgo de fragmentaciĂłn empezaba a ser real.

La discusiĂłn no es nueva, pero sĂ­ el momento. Con el calendario partidario corriendo, listas por cerrar y un escenario electoral que obliga a ordenar antes de competir, el PJ enfrenta una disyuntiva clĂĄsica: sĂ­ntesis o conflicto controlado. El kicillofismo empuja desde hace meses una mayor centralidad del gobernador en el armado bonaerense, con respaldo de intendentes y estructura territorial. El camporismo, en tanto, busca no perder control formal del partido sin quedar señalado como el factor que bloquea una salida de unidad.

En paralelo, en el Congreso se mueve otra pieza que completa el cuadro. Un grupo de diputados peronistas —referenciados en distintas vertientes del PJ, pero sin alineamiento automĂĄtico con la conducciĂłn mĂĄs dura— comenzĂł a articular una agenda legislativa propia, con perfil federal y productivo. Es el llamado “panperonismo”: no rompe con UniĂłn por la Patria, pero toma distancia, construye volumen parlamentario y explora alianzas puntuales para no quedar atrapado en la interna permanente.

Este doble movimiento —ordenar la provincia y ampliar mĂĄrgenes en el Congreso— refleja una misma preocupaciĂłn: cĂłmo sostener cohesiĂłn sin ahogar la diversidad interna. En el peronismo, la historia muestra que cuando esa sĂ­ntesis falla, los costos se pagan en el territorio.

El escenario que se abre es claro.

Si Axel Kicillof logra convertirse en el eje de conducciĂłn del PJ bonaerense, el peronismo intentarĂĄ reconcentrar mando, ordenar listas y exhibir disciplina polĂ­tica hacia afuera.

Si la sĂ­ntesis fracasa, lo que sigue es una interna con costos, desgaste territorial y una fuga silenciosa de armados locales que empezarĂĄn a jugar por cuenta propia.

En el peronismo, como tantas veces, la discusiĂłn no es ideolĂłgica.

Es de poder.

Y, sobre todo, de lapicera.

DejĂĄ un comentario

Tu direcciĂłn de correo electrĂłnico no serĂĄ publicada. Los campos obligatorios estĂĄn marcados con *

Scroll al inicio