El sueño “novedoso e innovador” de un abogado, de familia bien, de querer ser presidente de todos los argentinos

¿Proyecto de país o proyecto de biografía? Una parodia fina sobre poder, épica social y la obsesión argentina por entrar en la historia.

Juan Grabois nació en 1983 en la Ciudad de Buenos Aires y se formó como abogado en la Universidad de Buenos Aires, donde también desarrolló tareas docentes. Desde muy joven eligió un camino que en la política argentina tiene antecedentes claros: el del profesional con formación académica sólida que decide volcarse a la militancia social como vía de construcción política. Lejos de la carrera administrativa tradicional, su inserción fue territorial, discursiva y simbólica.

Su proyección pública comenzó a consolidarse a partir de su rol como fundador y principal referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), organización que ganó peso en la etapa posterior a la crisis de 2001 y se transformó en una pieza clave del entramado de la economía popular. Con el tiempo, ese espacio se articuló en estructuras más amplias, como la CTEP y luego la UTEP, que lograron reconocimiento institucional y se convirtieron en interlocutores permanentes del Estado. Grabois no ocupó cargos ejecutivos, pero participó activamente de negociaciones por programas sociales, urbanización de barrios populares y financiamiento público, acumulando influencia sin necesidad de gestionar presupuestos propios.

Ese recorrido le permitió algo menos visible pero más estratégico: construir un perfil que combina militancia social con lectura política de largo plazo. Su vínculo con sectores del catolicismo social y su participación en ámbitos internacionales ligados a la doctrina social de la Iglesia reforzaron una imagen que excede lo local y lo coyuntural. Grabois empezó a hablar no solo de políticas públicas, sino de sentido histórico, justicia social y modelo de país, un registro que suele anticipar ambiciones mayores.

El paso a la competencia electoral llegó en 2023, cuando decidió presentarse como precandidato presidencial dentro de Unión por la Patria. La interna lo enfrentó a un postulante con aparato, volumen territorial y centralidad gubernamental. El resultado era previsible, pero el movimiento fue eficaz: Grabois logró instalarse como referencia de un sector que no buscaba ganar esa elección, sino marcar una posición. Desde entonces, su figura comenzó a circular con mayor naturalidad en conversaciones presidenciales, aun sin estructura suficiente para disputar el poder real en el corto plazo.

Las controversias acompañaron su trayectoria. Conflictos judiciales, denuncias y episodios de alto impacto mediático —como la ocupación del Instituto Juan Domingo Perón en 2025, que derivó en una breve detención y posterior liberación— reforzaron un rasgo constante: Grabois aparece siempre en escenarios donde lo que está en juego es algo más que un hecho puntual. Cada intervención suma densidad a un personaje que parece entender que, en la política argentina, el conflicto también construye identidad.

En ese marco se inscribe su aspiración presidencial. Grabois sostiene que quiere ser presidente de los argentinos que menos tienen, una afirmación coherente con su recorrido y su discurso. Pero esa consigna cumple una función doble. Por un lado, expresa una causa legítima; por otro, ordena un relato que trasciende la gestión concreta. En la tradición política nacional, el abogado de origen acomodado que asume la representación de los sectores postergados no solo busca transformar la realidad: busca interpretarla.

La presidencia aparece entonces menos como un destino inmediato que como una estación posible dentro de un proyecto más amplio. El objetivo no parece limitarse a gobernar, sino a quedar asociado a una lectura de época, a una causa, a un capítulo reconocible cuando se escriba la historia de estos años. No administrar lo posible, sino explicar lo necesario.

En la Argentina, los gobiernos suelen pasar rápido.

Las biografías, en cambio, se escriben despacio.

La pregunta queda abierta:

¿Juan Grabois quiere llegar a la Casa Rosada o asegurarse un lugar en los manuales?

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