Choferes

Escuchan todo, no figuran en ningún lado y saben más que muchos ministros. El poder también se guarda en el asiento delantero.

El Google Drive secreto del poder

En la política argentina hay carpetas, expedientes y causas.

Y después está el asiento delantero.

Ahí viaja el archivo más completo del sistema: sin firma, sin clave y sin derecho a réplica.

Un chofer político promedio —imaginemos, pero no tanto— acumula entre 10 y 15 años con el mismo dirigente, más de 250.000 kilómetros de rosca escuchada, 0 declaraciones públicas y 100% de contexto real.

No decide.

Pero sabe exactamente cuándo todo se empieza a pudrir.

El poder en tránsito

Datos rosqueros, plausibles hasta incomodar:

  • El 72% de las conversaciones verdaderamente sensibles ocurre dentro del auto oficial, no en el despacho.
  • El 83% de los dirigentes habla por teléfono en altavoz durante los traslados.
  • En promedio, un chofer escucha entre 8 y 12 llamadas políticas por día.
  • De esas, 2 son urgentes1 es conflictiva y 1 nunca se reconoce públicamente.

En una semana normal presencia:

  • 2 pedidos de favores “para ayer”,
  • 1 pase de factura encubierto,
  • 1 promesa electoral que sabe que no se va a cumplir,
  • al menos 1 cambio de recorrido para evitar cruces incómodos.

El chofer no opina.

Registra.

Escenas que no salen en ningún medio

Ve cosas que ningún off periodístico logra captar:

  • El dirigente que baja sonriente de una reunión y sube en silencio absoluto.
  • El que pide “no frenes acá” aunque no haya prensa.
  • El que manda audios largos, los borra, y vuelve a grabar más cortos.
  • El que llama tres veces al mismo número… y nadie atiende.

Según estimaciones internas de la rosca, un chofer de primera línea presencia:

  • entre 20 y 30 reuniones informales por mes,
  • 4 crisis políticas por año,
  • 1 ruptura definitiva cada dos años.

Todo sin actas.

Todo sin testigos formales.

Lealtad, respeto y silencio

Mientras el vínculo está cuidado, el chofer es un muro:

cobra a tiempo, es respetado y nadie le miente.

Por eso es, sin exagerar, el leal más estable del sistema.

Cuando no —cuando lo hacen esperar, lo ningunean o lo tratan como parte del vehículo— aparece la frase más peligrosa de la política argentina:

“Yo no hablo… pero si hablara…”

En el 90% de los casos, no hace falta que hable.

Alcanza con que deje de cuidar silencios.

Regla no escrita

El poder no se pierde en una elección.

Se pierde cuando los que escucharon todo dejan de proteger al que habla.

Regla básica de la rosca:

nunca subestimes al tipo que maneja y no pregunta nada.

¿Vos hablarías libremente en el auto oficial… o bajarías el volumen?

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