Lloren chicos, lloren

Después de dos años de ajuste silencioso, el Estado empezó a aflojar la billetera. Paritarias que empardan la inflación, bonos en mano y municipios que entendieron una regla båsica de la política real: sin plata en el bolsillo, no hay gestión ni votos.

Durante dos años el Estado, en todas sus formas, hizo bandera de la escasez. Paritarias cortas, aumentos siempre corriendo de atrås y cero bonos. Nación, provincias y municipios administraron sueldos flacos mientras la inflación jugaba en primera y el salario real descendía a la B. Nadie le ganó a los precios y todos pagaron el costo político del ajuste silencioso.

El giro empezĂł en NaciĂłn y en varias provincias, donde los aumentos acumulados —35, 40 y hasta 45%— y la reapertura de paritarias permitieron, por primera vez en mucho tiempo, empardar la inflaciĂłn. Y ahĂ­ aparecieron los municipios, con lĂłgica de verano y Reyes Magos incluidos. En Trenque Lauquen hubo bono y paritaria anual; en General Arenales se pagaron $170.000; en Berisso y LanĂșs llegaron bonos de $200.000 mĂĄs aumentos sobre el bĂĄsico. Plata en mano, alivio inmediato y mensaje claro.

El Estado entendiĂł algo bĂĄsico: para que haya gestiĂłn, hay que pagar bien a quienes la sostienen. No se milita con el bolsillo vacĂ­o ni se ganan elecciones con sueldos licuados

Lloren chicos, lloren. En polĂ­tica como en al vida, el que no llora no mama.

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