Kicillof se planta: gestión, poder territorial y el espejo del 2027

El gobernador bonaerense acelera movimientos, ordena tropa y sube el volumen político. No es solo gestión: es instalación, disputa interna y construcción de centralidad frente a Milei.


El movimiento: volver a escena con método

Axel Kicillof reaparece con una secuencia clara: reuniones con intendentes, agenda pública sostenida y mensajes calibrados. No hay improvisación. El plan combina territoriodiscurso y timing. La foto con jefes comunales no busca aplauso: busca orden. Y orden, en el peronismo bonaerense, es poder real.


La gestión como escudo (y como excusa)

Mientras la Nación ajusta, la Provincia se ofrece como contracara. Kicillof usa la gestión para dos fines: blindarse ante críticas internas y marcar diferencias con el Gobierno nacional. La negociación salarial tensa, las recorridas productivas y el foco en temporada no son episodios aislados; son anclajes narrativos para sostener un liderazgo que pretende ser previsible en un contexto volátil.


3) El mensaje hacia adentro: nadie sobra, nadie manda solo

La interna del PJ bonaerense está viva. Kicillof no rompe, administra. Se muestra como articulador, no como jefe absoluto. Señal a los intendentes: hay conducción, pero hay mesa. Señal a los sectores duros: la Provincia no se subordina a agendas ajenas. Señal a los expectantes: el calendario manda y el 2027 no se improvisa.


El mensaje hacia afuera: Milei como antagonista útil

La confrontación con el Presidente ordena el relato. Kicillof elige choques selectivos: inflación, actividad, turismo, fondos. No grita; contrasta. La lógica es simple: si el Gobierno nacional radicaliza, la Provincia se presenta como racionalidad. No es ideología; es posicionamiento.


El objetivo real: centralidad sin proclamarse

Kicillof evita la palabra prohibida —“candidato”— pero actúa como tal. Construye centralidad sin anuncio, liderazgo sin ruptura, volumen sin estridencia. La clave es sostener el equilibrio: demasiado temprano, quema; demasiado tarde, pierde. Hoy, el gobernador juega al medio exacto.


Kicillof no acelera para llegar primero; acelera para que nadie le corra el eje.

¿Es el único con músculo real para ordenar el peronismo rumbo al 2027, o apenas el mejor administrador del presente? La rosca está abierta.

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