
BUENOS AIRES — La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner fue internada este fin de semana en el Sanatorio Otamendi y sometida a una intervención quirúrgica tras un episodio de dolor abdominal. El centro de salud comunicó que se realizó una cirugía laparoscópica y que el diagnóstico confirmado fue apendicitis con peritonitis localizada. Según el mismo reporte, la evolución en las primeras horas del posoperatorio fue favorable y sin complicaciones inmediatas.
La secuencia reconstruida por distintos medios indica que Fernández de Kirchner fue atendida inicialmente en su domicilio y luego trasladada a una clínica privada en la Ciudad de Buenos Aires para completar estudios y recibir tratamiento. En ese marco, se definió el paso a quirófano y se practicó la intervención por vía mínimamente invasiva.
El comunicado del sanatorio es el dato principal del episodio. Allí se informó que el cuadro clínico era compatible con un síndrome apendicular, que los estudios confirmaron la necesidad de intervención y que el hallazgo fue apendicitis con peritonitis localizada. También se señaló que, tras la cirugía, la paciente quedó en observación con evolución considerada adecuada para el momento informado.
Otra dimensión del caso fue la intervención judicial vinculada al traslado, mencionada por varias coberturas periodísticas. Ese punto aparece asociado a la situación procesal de la exmandataria y a las condiciones bajo las cuales se organiza su movilidad.
En las primeras publicaciones hubo matices sobre el alcance del cuadro. Ámbito sostuvo que se habría actuado con rapidez y que no habría un cuadro de peritonitis, aunque también reprodujo el contenido del parte médico donde sí se menciona “peritonitis localizada”. En términos informativos, el punto más firme sigue siendo el comunicado del establecimiento.
El seguimiento queda atado a dos señales: si el sanatorio difunde un nuevo parte y cuándo se define el alta. Algunos medios ubicaron la posibilidad de externación para el domingo, condicionada por la evolución clínica.