
En polĂtica, como en la guerra, domina quien puede elegir a su enemigo. Santiago lo sabe y no apunta a un dirigente nacional, sino a un poderoso opositor pero sucio como una papa, rodeado de cajas turbias y manejos opacos. Encontrar un antagonista sin pagar costo institucional.
El costo lo termina pagando Sur Finanzas y los clubes, que hoy enfrentan auditorĂas capaces de modificar el resultado de las votaciones en la AFA.
Y el Chiqui tiene un arma secreta que ningĂșn polĂtico posee: Messi. Su capital simbĂłlico amplifica el aura de un yerno sindicalista repudiado y se apoya en el escudo de no intervenciĂłn de la FIFA, que tras el FIFAgate ya no es tan fuerte.
AsĂ, Milei mueve fichas buscando pelea, pero la contra ofrece algo que ninguna consultora mide: la mĂstica futbolera. Y en Argentina, la batalla cultural tambiĂ©n se libra en la gambeta.