Favaloro, el espejo incómodo de la dirigencia argentina

René Favaloro fue médico, pero también una demostración práctica de lo que un país puede producir cuando combina mérito, ética […]

René Favaloro fue médico, pero también una demostración práctica de lo que un país puede producir cuando combina mérito, ética y visión de futuro. No fue político y, sin embargo, terminó siendo la referencia moral más sólida que la política argentina evita mirar de frente.

Su vida desarmó un dilema central de nuestra cultura pública:
¿el Estado está para sostener privilegios o para sostener valores?

Favaloro eligió lo segundo. Elegía siempre lo segundo.

Creía que la verdad era un bien público, no una estrategia. Que el servicio al otro no era un gesto altruista sino una función estructural de cualquier profesión. Que la austeridad no era un mensaje, sino una forma de habitar lo público sin contaminarlo. Y que cada decisión debía ser evaluada por su impacto real, no por su impacto mediático.

Esa lógica —tan simple y tan sofisticada a la vez— lo vuelve incómodo.
Porque expone la distancia entre gestión y gesto, entre vocación y conveniencia, entre responsabilidad ética y cálculo electoral.

La Argentina lo cita como símbolo, pero casi nunca lo toma como método.
Y ahí está el punto: Favaloro no fue una postal de grandeza; fue un estándar operativo que no supimos sostener.

No nos dejó un legado para admirar.
Nos dejó un algoritmo moral para aplicar.

La pregunta es si la dirigencia actual está dispuesta a reescribir sus prácticas con esa vara.
O si seguirá homenajeándolo para no imitarlo.

La Rosca Digital

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