Entre la diversidad y la soberanía

“LO QUE DICEN LOS NÚMEROS Y LO QUE INDICA LA CALLE” El fin de semana largo por el Día de […]

DIversidad y soberanía
Diversidad y soberanía

“LO QUE DICEN LOS NÚMEROS Y LO QUE INDICA LA CALLE”

El fin de semana largo por el Día de la Soberanía Nacional dejó algo más que rutas cargadas y fotos en redes: dejó un termómetro. Un pulso real de cómo se mueve la gente, cuánto gasta y qué señales emite la economía más allá del discurso oficial. Y cuando se lo compara con el fin de semana largo por la Diversidad Cultural, en octubre, aparece una foto más nítida: el turismo sigue vivo, pero con matices que hablan tanto de optimismo como de cautela.

En este último fin de semana por la Soberanía viajaron alrededor de 1,4 millones de turistas en todo el país. En el de la Diversidad, un mes antes, la cifra había sido muy similar: 1.440.000 personas. En volumen, el turismo interno mantiene una base sólida. La Argentina sigue viajando, aunque sea por pocos días.

Donde sí hay diferencia es en el gasto total:
– Octubre (Diversidad Cultural): $262.627 millones
– Noviembre (Soberanía): $196.233 millones

La brecha no es menor. Muestra que la gente viajó prácticamente en la misma cantidad, pero gastó menos. El dato clave: la estadía promedio se mantuvo en torno a las 2 noches en ambos feriados. Es decir, estamos frente a un turismo de escapada, corto, intenso pero moderado.

En gasto diario, octubre mostró un promedio de $91.190 por persona, mientras que noviembre quedó cerca de $70.083. Es un descenso claro en el nivel de consumo durante el viaje. Menos gastronomía, menos excursiones, menos compras. La gente viaja, pero ajusta. Disfruta, pero controla.

En la Ciudad de Buenos Aires, la ocupación hotelera del fin de semana largo de noviembre superó el 85%, reflejando que la capital sigue siendo una opción de cercanía y cultura para miles de familias. Pero incluso allí, las estadías fueron cortas: dos noches promedio.

¿Qué significa esto para el Gobierno? Primero, una señal positiva: la movilidad turística sigue activa. Las rutas llenas, los parques nacionales con buen movimiento y los destinos tradicionales funcionando muestran que hay energía social, que la gente necesita viajar y que el turismo sigue siendo un motor económico relevante.

Pero también hay alertas. El gasto más bajo en noviembre, comparado con octubre, exhibe una economía doméstica que aún no despega del todo. Viajar sí; gastar fuerte, no. La estadía corta también es un indicador de prudencia: muchos argentinos eligen salir, pero solo por un rato. Evitan comprometer más días, más gasto y más incertidumbre.

Para el Gobierno, esta foto tiene dos lecturas posibles. La optimista: “la actividad se mueve”, “el turismo responde”, “hay recuperación”. La realista: la recuperación existe, pero es frágil. Se apoya en los feriados, no en la demanda espontánea. El consumo está vivo, pero bajo vigilancia. Y las familias viajan, pero midiendo cada paso.

La clave hacia adelante será convertir estos picos de movimiento en una tendencia más estable. Que las escapadas se transformen en estadías, que las noches aumenten, que el gasto deje de ser defensivo. Para eso se necesitará más previsibilidad económica, mejor infraestructura, y políticas que incentiven no solo viajar, sino quedarse y consumir.

En síntesis: el fin de semana largo dejó buenas noticias, pero no un cheque en blanco. Mostró que la Argentina necesita moverse, que el turismo sigue siendo refugio y motor, y que el país está lejos de resignarse. Pero también dejó claro que el humor económico es intermitente. Que viajar es posible, pero aún no es fácil. Que el movimiento existe, pero todavía no alcanza para hablar de despegue.

Un termómetro, no un veredicto. Un pulso vivo, pero inestable. Una señal para leer, no para festejar sin matices.

La Rosca Digital

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